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Las algas son organismos microscópicos, pudiendo permanecer flotando en el agua o bien ancladas en las paredes y accesorios, siendo éstas últimas las más resistentes. La presencia de luz solar y CO2 (dióxido de carbono), así como de sales minerales y una temperatura adecuada son los requisitos esenciales para su crecimiento, no teniendo la presencia de materia orgánica en el agua demasiada influencia sobre el mismo.
La temperatura juega un importante papel sobre el tipo de especie que prolifera, existiendo algas típicas para cada estación del año. No obstante, las especies que proliferan en verano son las más activas, posiblemente debido a la mayor incidencia de la luz solar sobre la piscina.

 


La presencia de algas en la piscina produce color, turbidez, olor y sabor en el agua, así como una colmatación del filtro, lo que aumenta la frecuencia de lavado del mismo. Aunque la presencia de algas en el agua sólo produce a priori problemas de tipo estético, su adhesión a las paredes y accesorios de la piscina genera unas películas deslizantes sobre los mismos con el consiguiente peligro de accidentes. Por otra parte, y lo que es más importante, produce una incremento considerable en la demanda de cloro de la piscina, así como su efecto protector de las colonias de bacterias frente a los efectos del cloro.

La aparición de estas condiciones en una piscina son indicativas de la ausencia de un control regular de los niveles de cloro libre en la piscina. La mejor estrategia para evitar la proliferación de algas en la piscina es mantener siempre los niveles de cloro libre recomendados (0.5-1.5 ppm). Sin embargo, una vez el crecimiento de algas es generalizado es necesario efectuar un tratamiento de choque elevando el nivel de cloro libre hasta aproximadamente 10 ppm durante la noche cuando la piscina está cerrada a los bañistas.

A pH por encima de 8.0 la cantidad de dióxido de carbono disuelto en el agua es muy baja, lo que unido a la presencia de los niveles recomendados de cloro libre (0.5-1.5 ppm) prácticamente anulará la incidencia del crecimiento de algas en la piscina.

Aunque en los últimos años se han desarrollado diversos productos alguicidas orgánicos para sustituir al tradicional sulfato de cobre, hay que tener en cuenta que la mayoría de ellos tienen una demanda de cloro muy alta de forma que el uso indiscriminado del mismo puede consumir todo el cloro libre de la piscina. Por otra parte, pueden presentar tendencia a formar espumas en el agua y en el filtro.

La mayoría de los microorganismos que normalmente se encuentran en el agua de las piscinas no son peligrosos. El objetivo del tratamiento del agua de piscina no debe pretender destruir la totalidad de ellos, sino sólo aquellos que pueden presentar un riesgo para la salud de los bañistas y el entorno. La fuente de contanminación del agua por estos microrganismos suelen ser las secreciones (mucosas, orina, etc.).

Los análisis microbiológicos encaminados a determianr la calidad microbiológica del agua se basan en la determinación de los siguientes parámetros y valores límite:

  • Coliformes fecales, ausencia en 100 ml.
  • Estreptococos fecales, ausencia en 100 ml.
  • Stafilococos aureus, ausencia en 100 ml.
  • Pseudomonas aeruginosa, ausencia en 100 ml.
  • Otros gérmenes patógenos, ausencia
  • Parásitos patógenos, algas o larvas, ausencia