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Los sistemas de tratamiento utilizados en las piscinas privadas es el mismo que los utilizados en las de uso público. Los objetivos de estos sistemas se pueden resumir en los siguientes puntos:

1. Esterilizar el agua con el fin de prevenir el desarrollo de enfermedades infecciosas.
2. Prevenir el crecimiento de algas.
3. Eliminar sabor y olores desagradables.
4. Prevenir la irritación de ojos y mucosas.
5. Prevenir la formación de incrustaciones calcáreas.
6. Mantener el agua limpia y cristalina.
7. Prevenir la corrosión de los elementos metálicos de la instalación.


Para conseguir estos objetivos es necesario que la piscina disponga de los siguientes elementos de tratamiento básicos:

  • Una bomba que permite renovar la totalidad del agua de la piscina en un máximo de 8 horas.
  • Un filtro en línea con la aspiración de la bomba para eliminar los residuos sólidos de gran tamaño, como hojas, papeles, etc.
  • Un filtro de arena o diatomeas.
  • Rebosaderos o cualquier otro dispositivo perimetral continuo.

Para piscinas con lámina de agua superior a los 200 metros cuadrados, se pueden utilizar skimmers. El objetivo de todos estos dispositivos es la eliminación de la materia que se encuentra flotando en la superficie del agua (aceites, maquillaje, etc.).

El tipo de recirculación es muy importante, sobre todo en piscinas de gran tamaño. Como norma general, el agua debería recorrer el camino más corto posible. Por ejemplo, en una piscina rectangular, los impulsores se deberían colocar a largo de uno de los lados de la piscina situándose los skimmers o rebosadero en el lado opuesto. No obstante, en piscinas de uso privado el tipo de recirculación no es un parámetro vital debido al bajo aporte de contaminantes al agua.

Un sistema de tratamiento químico, que podrá ser manual en el caso de piscinas pequeñas, mientras que en el caso de piscinas de uso público deberá ser necesariamente automático. En cualquier caso, los sistemas de tratamiento automáticos siempre son más efectivos y seguros.

Los principios que rigen el tratamiento químico del agua de piscina son similares al del agua potable. La primera etapa consiste en una clarificación por decantación y filtrado. Esta etapa es seguida por un tratamiento de desinfección mediante cloro para eliminar las bacterias, olores y sabores desagradables. No obstante, el tratamiento del agua de piscina presenta algunas complejidades adicionales debido a que, en el caso del agua potable, éste sólo debe ser tratada una vez, mientras que el agua de piscina está continuamente sometida a un proceso de depuración-contaminación.

De esta forma, la cantidad de agente desinfectante gasta alcanzar un nivel de calidad en el agua va a depender de los siguientes factores:

  • El volumen, profundidad y condiciones del agua de la piscina.
  • Tipo de recirculación y frecuencia de renovación del agua.
  • Número de usuarios de la piscina, siendo un importante factor su edad.
  • Condiciones atmosféricas.
  • Tipo de entorno. (p.e., presencia de plantas, arena, etc.).
  • pH y temperatura del agua.
  • El tipo de productos de tratamiento utilizados.